ACTIVIDADES — Qué hacer · lugares de interés · excursiones

Cada día, un plan distinto

Foz de Lumbier

Una de las gargantas más espectaculares de Navarra, tallada por el río Irati a lo largo de siglos. Un paseo entre paredes de roca donde buitres leonados y alimoches surcan el aire a pocos metros de altura.

Castillo de Javier

Cuna de San Francisco Javier, patrón de Navarra. El castillo medieval de Javier es uno de los monumentos más visitados de la comunidad foral, con una historia que se remonta al siglo X.

Castillo de Olite

El castillo de Olite es uno de los castillos medievales mejor conservados de Europa. La villa medieval de Olite, con sus bodegas, sus calles empedradas y su skyline de torres, merece una visita tranquila y una copa de vino Navarro.

Valle del Roncal

El más oriental de los valles pirenaicos navarros, conocido por su queso D.O.P. y por sus paisajes de alta montaña. El Roncal es cultura y naturaleza viva.

Valle de Salazar

El Salazar con el bosque de Irati en su cabecera: uno de los bosques de hayas y abetos más extensos de Europa Occidental. En otoño, uno de los espectáculos naturales más impresionantes del Pirineo.

Roncesvalles

El paso pirenaico cargado de historia jacobea, puerta de entrada al Camino de Santiago desde Francia. El colegiata románica, el ambiente de peregrinos y el paisaje de hayedos hacen de Roncesvalles una parada obligada.

Pamplona

La capital navarra, a poco más de media hora de Santa Fe. Una ciudad pequeña con mucha vida y mucho carácter. Casco antiguo, ciudadela, el recorrido del encierro y gastronomía local.

Vía verde del Irati

Antigua línea de ferrocarril de vía estrecha, hoy convertida en un camino de 6,4 kilómetros entre Lumbier y Liédena, ideal para recorrer a pie o en bicicleta. El recorrido bordea el río Irati, cruza dos túneles excavados en la roca y pasa junto al Puente del Diablo, envuelto en leyenda.

Sierra de Leyre

Ascenso al pico Arangoiti, la cima más alta de la Sierra de Leyre, con 1.353 metros de altitud. El camino atraviesa encinas y bojes hasta ganar miradores aéreos sobre el pantano de Yesa, con vistas a las llamadas chimeneas de Leyre, una imponente formación rocosa.